martes, noviembre 22

Violada.

Sentada adyancente al inodoro en el baño del hostal con el brazo extendido sentía como le latía el brazo por la presión que el nudo del jebe hacía en ella. La jeringa sostenida entre los dedos de la mano opuesta descansaba en su muslo. Ya esa gloria que llegaba a sentir antes no era igual. Trataba de hacer remembranza de cuando arribaba al apogeo de lo que consideraba ser nirvana. Aunque su estado mental anduviese alterado no era suficiente y el recuerdo de lo que un día la droga la llegaba hacer sentir siempre hacía que quedase con ganas de más. Era una adicta. Se puso de pie y se paró frente al espejo sosteniendose del lavamanos blanco de loza. Se miró al espejo vió su cabello castaño claro, humedo con nudos y el rimmel semicorrido. Se desató el jebe del brazo, junto las manos y se roció agua en el rostro. El agua chorreó por su rostro al igual que dos o tres gotas negras debido al delineador. Necesitaba más, quería más, ese nudo en el estomago no la iba a dejar ir a dormir en paz. Ya era la una de la mañana y el segundo cliente de la noche permanecía durmiendo en la cama del hostal desnudo. El dinero que tenía en mano no le iba a ser suficiente para comprar un par de gramos. Rebuscó en las prendas del hombre por su billetera pero no encontró dinero alguno ni droga que usase. Intentó despertar al hombre para ver si quería otro polvo y así completar para su último jale de la noche pero no fue así. El hombre la despreció y sin piedad alguna la desalojó de la habitación. Parada fuera de la habitación encendió un cigarrillo y con la mano debajo del sobaco empezó caminar a buen paso hacía el poste de luz el cual destellaba por momentos. Después de un momento de estar inclinada en el poste se puso entre los labios otro cigarrillo y mientras intentaba de sacar el encendedor que estaba atorado en el bosillo tán apretado de sus pantalones se detiene un auto rojo oscuro con vidrios polarizados medio desteñidos. Era un hombre mayor, blanco, grueso, de cabello castaño oscuro y corto. Aparentaba ser alto y hablaba con sutileza. Le hizo una oferta y se montó al auto sin pensarlo mucho. Continuaba intoxicada, el hombre se percató de eso y penso en tomar ventaja de su intoxicación. El hombre conducía el auto, no hubo mucha plática y el silencio incómodo se hizo de notar. Por alguna razón no muy clara el hombre decidió llevar a la mujer a su departamento. El hombre introdució la llave en la manija y abrió la puerta del departamento. Le sostuvo la puerta a la mujer para que entrase. Una vez dentro del departamento la mujer se acomodó en el sillón de la sala mientras se ponía cómoda. El hombre le pregunto si deseaba un trago y ella asintió. El hombre preparó dos whiskys con hielo en dos tazas ya que no tenía vasos apropiados. La mujer en lo único que pensaba era en el dinero para poder adquirir su último jale de la noche. El hombre se sentó junto a la mujer en el sillón y sin hablar mucho la mujer se desabotonó la blusa. El hombre tomó un trago sustancioso del whisky é intentó de besarla. Ella esquivó el beso, nada de besos --dijo ella. La levantó de la mano y se dirigieron a la habitación del hombre. Ella se sentó en el borde de la cama mientras se desvestía. El hombre comenzó a desnudarse al igual que ella. Lo manoseo en su sexo hasta que se tornó erguido. De inmediato ella le puso un condón que sacó de su cartera y le realizo sexo oral un cuán breve. Después se arrimó sensuálmente hacía dentro de la cama. El hombre gateo en la cama hacía ella. Inmediátamente empezaron a tener relaciones. Empezaron despació cuando le empezó a dar más duro y más duro que la comenzó a lastimar. Ella se quejó y el se alteró. La sujetó del cuello con la mano izquierda y continuó lastimandola. En eso la empezó a agredir. La empezó a bofetear mientras la ahorcaba. Una, dos, tres y más. Ella no podía hablar debido a la falta de aire. Trás tal agresión ella comenzó a sangrar por la boca. El hombre eyaculó y la soltó. Ella empezó a toser incontroláblemente y a llorar mientras se sostenía el cuello con ambas manos. En eso se levantó y empezó a gritar desesperádamente. El hombre la golpeó y la mandó al piso mientras ella continuó gritando. La empezó a arrastrar del pelo y del brazo fuera de la habitación hacía la puerta mientras ella pataleaba sin cesar. Abrió la puerta y continuó arrastrandola por toda la calle desnuda. Empezó a sangrar de la cadera y de los talones por los rasguños que el arrastre en la acera dejaba. La arrastró hasta el césped de otro edificio. Para esto ella había cesado de gritar y había perdido el sentido. La dejó tirada en aquel jardín y el retornó al departamento para desechar de su ropa. Minutos después ella despertó desconcertada y desnuda. Se pusó de pié mientras se cubría sus partes privada. Su intoxicación no le permitía orientarse y se veía perdida. Empezó a caminar hasta llegar a unos arbustos en los cuales se ocultó trás de ellos. Vió a una pareja caminando hacía uno de los autos y decidió pedir auxilio. La pareja se asustó e intrigó a la vez al ver a esta mujer desnuda a las cuatro de la mañana en pleno estacionamiento. La mujer se disculpó por interrumpir. La pareja la mira desconcertados. Ellos no distinguian cláramente lo que decía ya que balbuceaba por los golpes y por la droga. En la mente de la mujer ella estaba cuerda pero era demas su intoxicación. La mujer les dijo que acababa de ser violada y que por favor la ayudaran. La pareja se asombró de esto tan inusual y a la vez insólito. El caballero le indicó que se sentase en la vereda a su izquierda ya que ahí no iluminaba tanto la luz. El caballero se comunicó con emergencias. La dama se fué dejando al caballero solo con la mujer. La policía llegó a los siete minutos. El policía sacó una manta de fuego que más parecía una hoja de papel aluminio inmensa. Un segundo policía llegó y aquel le pidió al caballero que se haga a un lado para tomarle la declaración. El caballero se retiró ya dada la declaración y mientras caminaba hacía su departamento en el tercer piso ve unas prendas tendidas en la reja junto al elevador no le presto mucha importancia ya que estaba oscuro. Era la ropa de la mujer pero el se daría cuenta de esto la mañana siguiente. La policía cuestionaba a la mujer sin cesar ya que ellos sabían que era un prostituta y esto fue nada más que un acto de prostitución con un mal final. La mujer fue transportada en una ambulancia al hospital. No buscaron al hombre ni lo intentaron.

"Todos llevamos nuestra posible perdición pegada a los talones." - Rosa Montero

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