lunes, noviembre 2

Una tarde de otoño.

Su voz se oía más bella que el murmullo del viento en las hojas de los arboles. La brisa fresca recorría todo el andén como una manada de venados libres en su hábitat. El sol descendiendo léntamente mientras se enrojecía la tarde de otoño. Las hojas amarillentas y anaranjadas regadas por toda la vereda. Su voz me llamaba del otro lado del puente pero no lograba verla. Con mis manos en los bolsillos por aquel frío de finales de agosto. El riachuelo fluía tan azul y opaco que lograba ver la silueta de los peces nadar líbremente en el agua uno trás otro velózmente. Una pareja agarrados de las manos cruzaba el puente en sentido contrario encaramelados y muy enamorados. La mujer se notaba con frío por la brisa y el hombre de inmediato le dio su abrigo. Continuaron andando, el hombre con su brazo alrededor de la mujer y la mujer escabullida dentro de su hombre que le ofrece amor, calor y protección. Ya no oía su voz llamarme. El cielo anaranjado é indefinido mostraba como las nubes se iban alejando más y más del sol decadente. Parado deleitando de aquel atardecer tán apacible que esa tarde de agosto me ofrecía. Fiélmente mirando hacia arriba como una cría siguiendo a su madre. Derrepente logré oir ese murmullo del viento que me extrajo de aquel estupor. Continué andando por la vereda tratando de evadir las hojas caidas pero me era imposible. Habia un caballero sedente en la mitad del puente, cabizbajo y con un par de piedras en sus manos. Lo mire de reojo y el caballero me habló. Me detuve a ver si repetía lo dicho. Transcurrió un momento incómodo mientras esperaba a ver si repetía lo dicho. Finálmente habló - "Escucha al viento, sí has de escuchar al viento lograras avanzar. Anda paciente y con cuidado y notaras las señales. No te apresures, se paciente y sí optas por ignorarlas has de fracasar." Me quede atónito por lo oido. Lo mire al caballero y su cabeza continuaba abajo. Me pregunté - "¿Señales?". Aquel murmullo volvió aparecer ahora más cerca que antes. Pensativo en lo que aquel caballero me había dicho continué caminando paciente y con cuidado. Hacia mi izquierda oí a unas aves arrullando cuando una voló libre y continuó volando sin regresar mientras la otra se quedó por unos cuantos segundos arullando para que la otra volviera. Y al no volver, la otra ave cesó de arullar y tomó vuelo hacía la dirección contraria. Señales pensé. Llegue al otro lado del puente y no oí más aquel murmullo del viento que me esparaba. Fue ahí que entendí. Y continué por la vereda paciente y con cuidado.

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