miércoles, octubre 14

Conducido al llanto.

Bañado en lágrimas. Mi piel erizada y mis mangas empapadas del llanto que soltaba. ¿Qué hice mal? ¿Porqué? ¿Con qué razón? Pensamientos iban y recuedos volvían. Mi mundo estaba destrozado. Ni se como conducía. Mis ojos estaban nublados por las lágrimas constantes que salían de mi. No lo podia creer. Estaba tan sorprendido. Una decisión que ni en siglos me la imaginaría. Todas mis ilusiones estaban en el suelo, en el lodo del dolor y sufrimiento. Tantas cosas que decirle, tantas preguntas que hacerle. No estaba pensando derecho. Tenía mucho dolor en mi pecho. Mi corazón lleno de lamento no cesaba de doler. Era como si se estuviese partiendo en dos. ¡Qué dolor! Iba a 104 millas por hora. Evadía a los autos. Los pasaba sin piedad. Por donde fuese, hasta por el pasto si tenía. No pensaba en nada más que en ella. El amor de mi vida o lo que fué. Silencio total en el auto. Lo único que oía eran los gritos que soltaba maldiciendo é ímplorando piedad a Dios. Tales gritos que duraron más de un día, más de aquel viaje. Quería verla, quería sostenerla en mis brazos, quería besarla, acariciarla y hacerle el amor. Necesitaba de ella, de su aroma, de su risa, de su ser. Era parte de mi y sentía como me moría poco a poco. Fué como si se me fue la vida. Durante el viaje quería estrellarme y morir. Nada tenía sentido ya. Se me había ido. Se fué parte mi alma, parte de mi corazón, parte de mi razón por vivir. Cada árbol que veía me llamaba, me imploraba que fuera uno con el pero mi deseo de verla una última vez fue más fuerte que el deseo de morir, en ese momento. Mi rostro entero hasta mi cuello estaba lleno de lágrimas derramadas por una mujer. No aguantaba más. No sé como llegué pero llegué. Lo cual fué lo más duro porqué no pude esconder mis sentimientos. Me solté en llanto, le pedí perdón y ni siquiera se porqué. Trate de oirla pero no comprendía su justificación. Sentía como caía al vacío. Un vacío interior. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. ¡Qué fatalidad! Hubiera preferido que me acuchillaren diréctamente al corazón. Me siento mal, me siento vacío, no logro sonreir, no se a donde se fué mi felicidad. Tú te la llevaste. Soy otra persona. Deseo volver a la normalidad. Quiero ser el mismo de siempre. Ese hombre alegre y joviál que era. Mi regreso fué eterno. Deseaba morir. Lo que de ida hice en dos horas, me tomó ocho volver. Mi dolor era tal y mis lágrimas tantas que sincéramente no lograba conducir. Ya no quedaban servilletas en mi auto para sonarme la nariz ni vida en mi. ¿Avísame cuando llegues? No quería llegar, quería volver. Más de dos veces lo hice pero me enrumbé nuevamente al norte. Qué desesperación aquella. Tán impotente de no poder hacer algo. El amor cesó y no fue el mío.

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