miércoles, julio 4

Muerte.

Temblaba sin parar. El olor a quemado estaba impregnado en mi. Podia ver el humo salir de entre mi. Nunca me lleve bien con el pero nunca habia de imaginar que tal sentmiento podria terminar de esta manera. Un timbre resonaba agudamente en mis oidos. Mis manos teñidas de rojo tiritaban sin cesar. Dedos entre abiertos y encogidos volvian a teñirse. La tarde anaranjada lograba verse en el techo por entre las persianas. Su mirada atemorizada me pedia perdon. En pleno verano y un frio aterrador. Mis extremidades hervian y mi torso frio. Mis parpados oscilaban mas seguido de lo normal. Veia que movia sus labios pero no oia nada. Perdon? Me parecio leer de sus labios. Se agarraba la cabeza y sus labios no cesaban de moverse. Ese timbre agudo disminuia poco a poco y el dolor aumentaba mas y mas. Un nudo en mi estomago y en mi garganta no me permitian completar ni una palabra y mis pensamientos iban tan rapido que no lograba recordar lo que queria decir hacia unos cuantos segundos. Sentia como mi muerte se acercaba. Aquel dolor punzante se agravaba mas y mas cada segundo que transcurria. El frio paso a ser helado y esa heladez ya no estaba solo en mi torso sino ya en todo mi cuerpo y se aproximaba a mi cabeza y lo sentia entrar por mi nuca. No dejaba de pensar en ella. Ella que me puso en esta situacion. Ella por la que di mi vida y mi muerte. Ella por la que rei y llore, ame y odie, vivi y mori. A mi izquierda vi unas luces rojas y azules. Significaba algo importante? No recordaba y no entendia nada. Ella? Solo ella, eso si entendia. Queria que este dolor lacerante cese de una vez por todas. Sentia que me iba, me iba, me iba. Una paz, un dolor, un frio y un calor me transcurria por el cuerpo, por mi alma, por mi ser. Ya no era mi nuca, era mi cabeza, eran mis ojos, era mi cuerpo, era mi vida...era yo.

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